Existen muchos tratamientos no quirúrgicos que intentan curar la hiperhidrosis, no todos son efectivos y muchos son de efecto temporal o nulo.

El procedimiento quirúrgico es una solución definitiva para este tipo de problemas.
Las opciones no quirúrgicas para el tratamiento de la hiperhidrosis incluyen tratamientos dermatológicos, con la aplicación de cremas o soluciones astringentes, la iontoforesis (baños eléctricos con agua salada en el área afectada) que puede reducir el sudor en áreas especificas, por un periodo de 6 horas. Otro tratamiento alternativo es la inyección de la toxina “Botulínica” (Botox) sobre la piel que puede ofrecer una solución aparente pero con una duración no mayor a los 6 meses. Para este tratamiento son necesarias 50 aplicaciones por lo que resulta muy costoso.

Por último, el tratamiento psicológico suele incluir el uso de sedativos o drogas que disminuyen las secreciones y pueden reducir el rubor facial y las fobias sociales. Estos tratamientos prolongados pueden traer efectos colaterales debido al uso continuo de drogas y tampoco es una solución final para la hiperhidrosis.

La decisión con respecto a la indicación quirúrgica depende enteramente del grado de aflicción que presente el paciente. La medición de parámetros objetivos como el volumen de sudoración o el rubor facial, carecen de importancia significativa para la indicación y son difíciles de ser cuantificados.

La cirugía torácoscopica puede verse afectada si el paciente presenta sobrepeso o algún otro problema de salud de base ocasionando complicaciones al momento de realizar la cirugía y puede contraindicarla.